viernes, 13 de octubre de 2017

LA HUERTA DE HERNANDO COLÓN Y EL ZAPOTE SEVILLANO

El arrabal de Sevilla conocido como de los Humeros, hallado en extramuros y localizado cerca de la musulmana Puerta de Goles ( posteriormente Puerta Real ), en principio fue una zona fértil aprovechada para las huertas (debido a la cercanía del río), que en el siglo XIII, el rey Alfonso X entregó como propiedad principal al judío don Zulema y al caballero Alfonso García. Tras fallecer ambos, el lugar pasó a manos de la Catedral y fue quedando como destino de las basuras e inmundicias depositadas por los vecinos de la zona. El enorme adarve quedaría ubicado donde está el Patio de San Laureano. En 1455 sobre la altura formada por el muladar se instaló un molino de trigo.

El 27 de abril de 1526, el hijo del descubridor de América, Hernando Colón, se hizo con la propiedad huerto-muladar, comprándosela a la Iglesia de San Miguel. El paisaje era precioso: Pasando el río, la Cartuja de las Cuevas y la relativa cercanía del tránsito de los barcos; a un lado y casi a espaldas de la hacienda, la Puerta de Goles. La altura del muladar, que poco a poco fue transformándose en otero, sirvió de defensa ante las crecidas del río que por aquel entonces solían anegar la zona.

Hernando Colón ( 1487-1539 ), segundo hijo de Cristóbal Colón, fue en su tiempo un célebre cosmógrafo y bibliófilo, que llegó a reunir en su casa de los humeros una de las mayores bibliotecas del mundo del Renacimiento. Lo principal de su legado se halla en la Catedral de Sevilla, donde también descansan sus restos. En vida, llegó a realizar algunos viajes a América, y es de suponer que en Sevilla deseaba seguir manteniendo el contacto con la naturaleza, a modo similar del hombre renacentista. Desde su atalaya de la Puerta de Goles, Colón apreciaba un hermoso paisaje sevillano, en extramuros, apartado del bullicio que de murallas para adentro se originaba, así como de las calles cerradas de una Sevilla que conservaba aún parte de su estructura mediavalizante e  islámica.


El dibujo de 1585 nos acerca bajo una primitiva perspectiva de altura lateral, hacia donde se encontraban las casas y huerta de Colón mas la Puerta de Goles (llamada oficialmente Real desde el paso por ella de Felipe II, en 1570). "Vista de Sevilla", Anónimo. A. Bambrilla. Grabado:




Por razones de espacio y selección, preferimos no tratar sobre la planimetría y demás datos acerca de la casa de Hernando Colón, así como tampoco extendernos en profundidad en las sucesivas transformaciones del sitio. A la muerte del descendiente del descubridor, sabemos que el edificio junto con la huerta fue heredado por su sobrino Luis. Pronto, el lugar fue embargado y subastado públicamente, para que en 1563 pasara a manos de Antonio Farfán y posteriormente al ollero Tomás Perazo, quien tuvo que compartir propiedad con la Hermandad del Santo Entierro, quien la embargó definitivamente en 1672 (salvo la huerta), aunque antes el lugar fue también compartido con la Orden de la Merced, resultando finalmente la construcción del Colegio de San Laureano, nombre éste que ha quedado vigente hasta nuestros días. En parte de la huerta se establecieron fosas de enterramiento ante la epidemia de peste que asoló la ciudad en 1649. Entre 1750-61, en la antigua ollería de Perazo, se estableció y construyó la capilla de Nuestra Señora del Rosario, imagen que vemos abajo:



El Colegio de San Laureano desapareció por causa, primero, de la reducción de religiosos en 1766; luego, en 1810, el Mariscal Soult expolió sus enseres, al igual que los de la Merced y del Santo Entierro. El edificio sufrió daños de consideración. Los mercedarios regresaron en 1814, pero un incendio puso fin a sus proyectos hasta que la desamortización en 1836 puso fin a la propiedad de aquellos. Posteriormente realizó funciones de presidio correccional, luego, guarnición y almacén de provisiones. Para esto último lo destinó el general Lara. Pero las huertas seguían allí. La imagen que vemos a continuación es del Patio de San Laureano ( del que hablaremos con más profundidad en otro dossier ) visto a la altura de Marqués de Paradas en los años 80 del siglo pasado:


De google maps hemos extraido una vista aproximada de lo que pudieron ser los principales lugares que estamos tratando en este espacio:


En 1855 comenzaron las obras ferroviarias, lo que conllevó a la demolición de las murallas y puertas, que estorbaban en la aplicación de los ensanches. A la colocación del elevado muro ferroviario le siguió un paseo, una ronda, cuyo proyecto comenzó a aplicarse en 1863. La huerta baja de Colón, que tras la desamortización pasó en 1845 a la propiedad particular de Concepción Herrera, fue vendida finalmente a la Sociedad Pickman y Cía, pero los proyectos del ayuntamiento consistentes en la nueva alineación de Torneo obligaron al nuevo propietario a edificar sopena perderlos, cosa que no llegó a hacer. En 1868 la sociedad de Pickman se disuelve, pasando los terrenos de la huerta a su hermana Enriqueta, quien tampoco edificó, dejando en abandono la zona alrededor de veinte años. En aquellas fechas, las calles Baños y Rosal (hoy Castillo Lastrucci) ya se habían abierto a una Torneo sin murallas, quedando la huerta más seccionada:

Henry Harrisse, bibliófilo y americanista, visitó Sevilla en 1871 para preparar su ensayo sobre Hernando Colón. En aquellos días, Henry visitó los restos de las casas y de la huerta que aún quedaban, entre ellos, un solitario zapote, último vestigio vivo de lo que fue aquella propiedad, traído de América y plantado por Colón hacía más de tres siglos. El francés escribió lo siguiente:

Solo queda de aquella huerta celebrada por tantos escritores del siglo XVI, hoy 24 de Mayo de 1871. un árbol exótico, un zapote hermosísimo. Que dentro de algunos meses, mañana quizá caerá herido por el hacha destructora. Y la ciudad de Sevilla, indiferente al recuerdo de aquellos ciudadanos que mas honra le dieron, verá desaparecer, sin lijar en ello su atencion, ese postrer vestijio de una época en que las letras y las virtudes cívicas llorecieron y lueron honradas en Andalucia. y verá caer sin sentimiento de pena aquel testigo de los jenerosas esfuerzos de un hombre que, segun el dado caballero. Pero Mexia 'debe ser alabado, y merece que los que en esta ciudad vivimos roguemos á Dios por su ánima, la cual segun rué su vida tan virtuosamente gastada, en lelras y en honestos exercicios, y su tan christiana y buena muerte, yo creo cierto Que está en la gloria de Jesuchristo ".


Pronto, los círculos intelectuales locales comenzaron a hacerse eco del contenido de aquellas palabras. Joaquín Guichot, en 1873, contemplaba la posibilidad de "adquirir el Zapote de Colon, y algunos pies de terreno para rodearlo de una verja, y dotar á Sevilla de un monumento, si sencillo en apariencia, de muy subido precio é inestimable valor".

La opinión de Guichot fue ganando forma y adeptos. De hecho, la nomenclatura y la planimetría sevillana también se hizo eco de ese pensamiento, de esa corriente que parecía ir cogiendo cada vez más cuerpo: el plano del Ejército de 1884 reconoce al árbol como topónimo, mientras que el mapa de A. Padura y M. de la Vega Campuzano, de 1891, incluso llega a dibujarlo:

La cercanía del IV Centenario del  Descubrimiento de América, amplió las posibilidades para salvaguardar la vida del zapote: Joaquín Guichot lo incluyó en una publicación del ayuntamiento dedicada a la memoria de Colón. También, el concejal Imaz expuso una moción que, de resultar aprobada, habría zanjado definitivamente el asunto del centenario árbol:

" Propongo, pues, como continuación O prolongación del programa proyectado por este municipio para solemnizar el próximo centenario:

  1 - Que el Municipio adquiera la parte de solar que aun queda en los Humeros de las huertas y casas de Colón donde aun existe el famoso árbol.

  2 - Que una vez adquirido y rodeado de verja haga el Municipio en él un Jardín en cuya entrada coloque una ínscripcion conmemorativa.

  3 - Que en su recinto levante una estatua á la memoria de D. Fernando Colon, bienhechor de Sevilla. al que tanto le debe esta ciudad. Que atesora su magnífica biblioteca Colombina.

  4 - Que en el centro del jardín se construya un pabellon de hierro y cristal
dedicándolo a Museo Arqueológico Hispalense.

  5 - Que á su inauguracion Que deberá ser solemne con la asistencia de los dos Cabildos y autoridades civiles y militares. se invite al Gobierno para que concurra una representacion suya.

  6 - Que se inaugure el local con una exposicion de arte retrospectivo y un concurso literario."

Lamentablemente, para tristeza de los amantes de las riquezas históricas de nuestra ciudad, aquellas propuestas no figuraron más allá de la emoción que significaba la efervescencia del IV Cententario. Pese a que se aprobó una especie de anteproyecto para la salvación del árbol, las turbias dejadeces administrativas se unieron al paso del tiempo y con él la posibilidad de avanzar positivamente.

Abajo, Joaquín Guichot (1820-1906), cronista, escritor, periodista, historiador y, por supuesto, intelectual de aquella época, se fotografía junto al zapote que aún permanecía en los restos de la huerta de Hdo. Colón:



La nueva heredera de los Pickman, hija de Enriqueta y llamada también con su mismo nombre, decidió urbanizar y edificar la manzana heredada, donde se incluía el zapote. Sin embargo, sus movimientos desecharon el árbol y se centraron en las casas más pegadas a la calle Goles.

En 1896, los nuevos propietarios, los industriales Enrique Balbontín y Juan José de Orta decidieron construir suelo industrial ( una fundición ) en la manzana, aunque aún no poseían las escasas casas que daban a Torneo ni tampoco el zapote. En cambio, separaron la zona urbanizable que daba a Goles del paquete donde estaba el árbol, creando una vía provisional más o menos paralela a Goles. Abajo vemos la manzana dividida en dos partes.



El hecho de la creación de una nueva calle puso en guardia a los defensores del árbol, quienes se temieron lo peor. El alcalde, el Marqués de Paradas, recibió informes de diversos estamentos, como el del Museo Arqueológico, en los que se dictaminaba la necesidad de conservar el zapote. No obstante, el arquitecto José Sáenz López daba luz verde en su informe para que se pudiera comprar el terreno donde se encontraba el árbol, pero siempre y cuando se conservara de alguna manera, tal vez cercándolo.

En 1897, Balbontín y Orta adquieren el terreno citado y paralelamente realizan nuevas construcciones en la manzana, destacando el principal edificio del complejo de la fundición que daba a la calle Goles. Poco después, en 1902, compran las casas viejas que daban a Torneo para demolirlas. El único sector que permanecía libre era el occidental, donde se encontraba el árbol. El Ayuntamiento, justo es decirlo, realizó una oferta por dicho paquete, pero la empresa del hierro les contestó con una contraoferta por aquel suelo muy elevada en relación a lo que estaba dispuesto a pagar el consistorio.


En 1903, la empresa de Balbontín envió a unos trabajadores una noche y derribaron el histórico zapote, uno de los escasísimos supervivientes en la ciudad testigo de la Sevilla del esplendor Colonial e Imperial.


Creemos que la eliminación de determinados árboles y plantas, que bien por su tradición o importancia histórica, artística, e inclusive sentimental del acervo local, se han convertido en parte integrante de la ciudad, también podría ser considerado un atentado urbanístico. Esta vez hemos hablado del zapote, pero también tenemos casos recientes como algunos árboles de la Alameda de Hércules, derribados en la última actualización de dicho bulevar; o, por qué no, las históricas huertas aplastadas bajo la piqueta, asunto este último que puede unirse a invitarnos a la reflexión de aquello que debemos proteger, cuidar y conservar de nuestra ciudad.











No hay comentarios:

Publicar un comentario