viernes, 13 de octubre de 2017

LA ESTACIÓN DE SAN BERNARDO


La estación de San Bernardo fue encargada por la Compañía de Ferrocarriles Andaluces al ingeniero Agustín Juberd en 1902. Con la inauguración de esta estación, Sevilla contaba con dos grandes edificios ferroviarios, contando la de Córdoba, que pertenecía a la compañía MZA (Madrid-Zaragoza-Alicante). La de San Bernardo se construyó siguiendo los cánones clasicistas, con arcos de medio punto, pilastras y balaustradas clásicas. El material empleado fue el ladrillo (material por antonomasia en la arquitectura sevillana) y la piedra, dándole al edificio un interesante juego cromático entre el rojo del ladrillo y el blanco de la piedra utilizada en cornisas, puertas y ventanas, además de diferentes elementos decorativos.

Hablar de la estación de San Bernardo era hablar de trayectos hacia Utrera, Jerez, Puerto de Santamaría o Cádiz como destino final. En los años 70 y 80 muchas familias sevillanas elegían la Tacita de Plata y alrededores como destino vacacional. Principio y destino de viajantes, turistas, marineros.... Pero las obras de 1992 -para no variar- acabaron con cien años de terminal ferroviario. Actualmente, las dependencias y la marquesina forman el mercado de abastos de San Bernardo. Sin embargo, lo poco que se conserva, en estos tiempos de globalización y cambios continuos en el que se controla todo lo utilizable, las vetustas estructuras vuelven una y otra vez a padecer la intranquilidad sobre su supervivencia.


Arriba, imagen a color de la estación en la entrada de los trenes por una de las vías del trazado. Aún estaba en funcionamiento en 1991. A la izquierda, el muro que marcaba la separación de la zona ferroviaria. La pared está formada por tableros divididos por pilastras salientes. Para los nostálgicos, amantes de la conservación de los viejos reductos, aún se conserva; sin embargo se halla pintado por grafittis. Lugares ocultos, perdidos en el tiempo, en los que niños y adolescentes del barrio cercano vivieron sus aventuras y recorrieron lugares entonces prohibidos. Abajo, una espléndida toma fotografiada en 1980, en la parte de la salida con destino hacia Cádiz. 
Arriba, otra vista del interior de la Estación cuando se hallaba aún en activo. Las dependencias y oficinas aún se hallaban abiertas, pero actualmente todo está retocado y al servicio del mercado de abastos; pero ¿por cuánto tiempo? A la izquierda de la imagen, el muro antes de ser pintado.             
   

EL FINAL DEL MURO DE LA CALLE TORNEO


Arriba, plano de Sevilla de 1.860 en el que podemos ver que parte de la zona actual conocida por Torneo se denominaba el Barrio de los Humeros. Casi lindando al río, las vías del Ferrocarril de Córdoba.

La calle o avenida de Torneo, ya podía situarse en el siglo XVI entre la antigua Puerta de Goles (o Real) y la Puerta de la Barqueta, que se hallaba aproximadamente al comienzo de la actual calle Calatrava. Justamente frente a esa vía y Torneo adentro, se ubicó un lugar conocido ya desde el XVIII como el Patín de las Damas. A mediados del XIX, las autoridades municipales con tal de promocionar el comercio y las comunicaciones con el resto de España, solicitaron la instalación del ferrocarril. El 7 de octubre de 1855, la Reina Isabel II aprueba el emplazamiento y distribución de la estación de tren de Sevilla a Córdoba en los terrenos de la Plaza de Armas, parte del barrio de los Humeros y de los paseos públicos que se extienden en este punto. Por último, la ordenación y elevación de la calle Torneo por Eduardo García Pérez trajo consigo la desaparición del paño de muralla que unía la Puerta de la Barqueta con la Puerta Real, con inclusión del Patín de las Damas, cuyos terrenos se destinaron a albergar los talleres del ferrocarril; aunque años atrás la Fábrica de Gas (en calle Arjona) y la Fundición de los hermanos Portilla fueron los primeros en comenzar a establecer una configuración en la zona que duró cerca de siglo y medio.

Abajo, localización de parte de la calle "de" Torneo, en 1910. Plano de Poley y Poley. Vemos que la zona tras el muro era conocida como el "camino de las afueras". El muro ya existía como tal, pues más arriba, aunque el plano no lo recoge en este recorte, en el mapa se nombra "muro" a la línea que se encontraba tras las vías férreas.



Nuestro propósito no es el de exponer un estudio profuso sobre lo que fue Torneo y aledaños desde sus comienzos, pues el objeto de este blog es ofrecer una visión global de la zona desde lo que fue la segunda mitad de los años de 1970 hasta finales de los 80; pudiendo hacer incluso mención a 1990, puesto que las obras del margen de Torneo comenzaron a hacer verdadera mella en el 91. Lo que está claro es que la línea que va desde Plaza de Armas hasta la Barqueta no cambió apenas estructuralmente cuando menos desde los años 30 o 40 del siglo XX. De todas formas, las fotografías que incluimos pertenecen principalmente al período que pretendemos abarcar.

Con vistas a la Exposición Universal que se celebraría en 1992, la clase política estimó en cambiar Sevilla, adecuándola a unas nuevas necesidades generadas en parte por el reciente aumento de superficie y poblacional. También había que ofrecer una nueva imagen a los visitantes y una expectativa cara al futuro. Las zonas de Torneo y chapina, siempre en el límite virtual y aparentemente a la espalda del resto, debían ser estructuradas y absorbidas por el resto del entorno. Por tanto, se reabrió el cauce del río, que estuvo taponado desde principios de los años 60. Una consecuencia fue que la piqueta acabó con las instalaciones deportivas de Chapina, construidas en la década prodigiosa. La calle Torneo fue ampliada en carriles para el tráfico, aliviando de manera considerable los atascos que se formaban en las horas punta. También, Torneo fue acondicionada mediante un paseo ribereño. El dogal ferroviario, fue destruído. Se conservó la estructura de la Estación de Córdoba, mientras que a su lado se elevó la nueva central de autobuses de Plaza de Armas, cerrándose las antiguas cocheras como las del Barranco y la de la calle Marqués de Paradas.

Para adolescentes y demás jóvenes de la época, cruzar aquella tapia de Torneo ofrecía diversas situaciones: se podía jugar al fútbol abajo, en dirección hacia lo que hoy se conoce como Puerta Triana. Aquel terreno tenía una parte tupida de yerbas, y se conocía por el "campo de las vacas". Pero si se caminaba en dirección hacia Barqueta, en las instalaciones de la RENFE se ubicaba una pequeña cancha con suelo de piedra y porterías; un lugar que casi siempre estaba libre. También por aquella zona abundaban los árboles con moras, cuyo fruto, la morera, se empleaba como alimento de los gusanos de seda.

Abajo, fotografía aérea de la calle Torneo, tal vez en la segunda mitad de los ochenta: 1: Almacenes de la RENFE (actualmente Puerta Barqueta / Parque D. Fadrique), 2: Cancha tipo fútbol-sala, 3: Real Monasterio de San Clemente, 4: Cambio de agujas, 5: "Campo de las vacas".  



A continuación, fotografía de la calle Torneo en el año 1986, extraída de la obra de Joaquín Arbide "Sevilla en la memoria". La pared de la vía, que hasta 1980 había sido de color blanco, fue pintada por alumnos de colegios sevillanos con motivos andaluces y sevillanos; dibujos enmarcados entre unas pilastras del muro color ocre. En la derecha la entrada a Pascual de Gayangos.


Pero los objetivos económicos tarde o temprano salen a reducir. Sólamente hace 19 años desde que derribaron el muro y demás emplazamientos. Todo se modernizó, la calle amplió sus carriles y se construyeron nuevos puentes. En fin, que se dijo adios a un siglo de tradición, mientras que muchas de aquellas ilustres plumas que criticaron como estaba todo entonces, ahora ni siquiera se asoman al suelo sin arreglar del paseo del 92, donde por la noche ya no se puede ni pasar, salvo en bici, claro. Abajo, cuando todo comenzaba a quedar en un recuerdo.



Vamos a terminar este bloque dedicado a Torneo mediante una imagen que hemos rescatado de youtube. Alguien, antes de que se derribara la histórica tapia, tuvo la ocasión de grabarla en video. En la memoria: 
















PERSPECTIVA SOBRE LA ALAMEDA DE LOS 70 Y 80

La Alameda de Hércules sevillana no guarda ni por asomo la configuración que fue mostrando desde finales de los años treinta hasta la incluso de fines de la década de 1980.

El contexto y entorno del gran bulevar sevillano que yo vivi y conocí, era un lugar en el que predominaba un mobiliario de cierta estética costumbrista, el cual había ido abandonándose progresivamente; todo ello bajo la anuencia de las sucesivas corporaciones gubernamentales, quienes a lo largo de sus mandatos trazaban continuos proyectos orientados a cambiar la zona, en aras de mejorar la habitabilidad del lugar y, de camino, especular con el suelo. Sitio éste, tal como decíamos antes, dejado de la mano de Dios. Sin embargo, un espacio tan extenso en las puertas del Centro de la Ciudad y dentro del Casco Histórico, ofrecía un hermoso bocado para la especulación urbana y de suelo, en líneas generales.

Pero en este blog nuestra intención es recuperar la memoria de la Sevilla de los años 70 y 80, dejando atrás la Alameda Histórica: la romana, la renacentista de Conde de Barajas...o sin ir más lejos, aquella floreciente que conocieron nuestros abuelos o bisabuelos, y sobre la que se ha escrito tanto.
Debemos de centrarnos en la Alameda de la Transición Española; la Alameda de tierra con los parterres y las verjas, dividida en tres secciones desde 1939; de los antiguos prostíbulos; del Casino Ferroviario donde por la noche se establecían partidas de póker que por aquel entonces estaban prohibidas; de aquellos personajes populares como el "Joseliqui" o María "La tonta"; de Chispitas, de la cafetería Las Maravillas; de los domingos solitarios....



Arriba, foto-postal de un extremo Alameda de Hércules, realizada desde el antiguo y desaparecido colegio San Luis Gonzaga, el cual alberga actualmente una pizzería, aunque conserva gran parte de la fachada primitiva. Esta imagen puede datar de finales de los años 60, sin embargo la tipología es la misma que se conservó hasta la última reestructuración de la Alameda, a mediados de la década del 2000. Ya en los años 70 y 80, la superficie contininuaba siendo de tierra arenosa amarillenta, mientras que los parterres y setos estaban en su mayoría secos, al igual que la imagen del jardín rectangular central. Sin embargo la misma configuración continuó durante años y años.

 
Actualmente, sólo los hércules permanecen intactos, al igual que los leones del otro extremo, mientras que 
sobrevive una cantidad de árboles mucho menor al que hubo entonces, siendo muchos de ellos derribados.



Arriba, una imagen del desaparecido Cine Ideal, tomada en 1978. A principios de los años 90, este histórico Cine de Verano, situado en la C/ Jesús del Gran Poder, aún era comparable en solera a los también desaparecidos Santa Catalina o el Alfarería trianero, fue un lugar lúdico en las noches del estío sevillano. Tiempos para películas de Bruce Lee, Terence hill y Bud Spencer, allá por los 70 y 80.... Casi frente a él se hallaba una Casa de Las Sirenas totalmente abandonada y en estado ruinoso; hace algunos años fue restaurada en su totalidad, siendo ahora un edificio perteneciente al Distrito del Ayuntamiento de Sevilla. Sin embargo, aunque la fachada del Cine se conserva (a excepción de la puerta de entrada y el portalón de su derecha), ahora es una vivienda. El Cine Ideal fue inaugurado el 27 de noviembre de 1922. En 1985 estuvo a punto de ser derribado, ya que el PGOU contemplaba prolongar la calle Becas a través del Cine Ideal y salir a la calle Sta. Ana.

Escena tomada en 1978. La imagen se compara con la siguiente, ya actual (abajo). Vemos un día cualquiera en la vida de La Alameda, con los proxenetas paseando en Niño Perdido y Joaquín Costa. Al fondo del todo, en la derecha observamos parte de lo que fue la nueva whiskería "La Vaquita" -con el letrero de cerveza "Águila dorada"-, que se trasladó al número 18 hasta 1981. Vemos un Seat 127 a la derecha de la calle, justo pegado a la entrada del desaparecido bar "Seire". Sabor añejo de unos tiempos que no volverán.
La primera fotografía, realizada el año pasado, muestra al fondo un antiguo prostíbulo que en 2009, fecha a la que corresponde la imagen, ya estaba cerrado, mientras que actualmente (2011) es una casa ya reformada en la que pone el cartel de "se vende". A la izquierda también había otro par de" casas de putas", concretamente dos, ya en deshuso y en espera de la piqueta o de las reformas. La casa del fondo, concretamente el número 20, fue, con una configuración distinta, la famosa whiskería "La Vaquita", que sufrió un incendio el 19 de enero de 1973, falleciendo en ella seis personas: cuatro chicas de la barra, el encargado y un cliente; cerrándose de esa forma una de las crónicas negras de La Alameda. Según gentes del lugar que vivieron aquellos hechos, todo sucedió por un problema surgido entre un visitante y una de las camareras del local. El cliente, tras ser expulsado, juró volver para vengarse. Poco tiempo tardó en cumplir su amenaza, ya que regresó con una lata de gasolina con la que roció la entrada del establecimiento, generándose un incendio que provocó las muertes
Otro de los cambios que se efectuaron en La Alameda, afectaron a edificios que se hallaban abandonados, mientras que otros locales de negocios particulares que por aquel entonces duraban muchísimo, también desaparecieron con el paso de los años. Un ejemplo claro, fueron el antiguo Colegio de párvulos y de hasta tercer curso de Enseñanza General Básica San Luis Gonzaga, que era un edificio del Siglo XIX, esquina Trajano-Alameda, justo enfrente de la antigua academa "Realito", fue cerrado en el año 1978. Otra empresa que estuvo destinada al cierre, fue el establecimiento de quinielas Chispitas -muy popular por la imagen del gato negro-, el cual cerró sus puertas casi a finales de los 90. A la izquierda, esquina del San Luis Gonzaga, ya abandonado en 1981 y en el que se colgaban por aquel entonces carteleras de cines como los Regina, Apolo, Cervantes, Trajano, Multicines Alameda, etc. A su izquierda hubo una barbería también cerró allá por el 80. En la actualidad es un restaurante-pizzería; abajo, Chispitas, en 1972.
La configuración de los acerados de la Alameda actual, al igual que otras decisiones municipales, finiquitaron también otros elementos curiosos, tales como las paradas del autobús así como los quioscos de la zona, siendo estos últimos cambiados de lugar y de estética. En la imagen de abajo, vemos la parada de los buses que iban a Pino Montano, en 1980 ( y San Jerónimo, así como un kiosko y unos árboles que ya no existen. A la derecha y al fondo, al final de la acera, se hallaba el también desaparecido bar-restaurante Las Maravillas, el cual se mantuvo cerrado desde la primera mitad de los 90, hasta que fue sustituido por un local mucho más impersonal para la zona. Al frente del todo, la administración de quinielas Chispitas.

EL MERCADILLO AMBULANTE: DE LA ALAMEDA AL CHARCO DE LA PAVA

1978 fue el año en que de una forma inesperada se fueron colocando los primeros puestos ambulantes en la zona de la Alameda los domingos por la mañana. Aquellos primeros asentamientos fueron poco a poco extendiéndose por el bulevar hasta terminar por ocuparlo por completo a principios de los años 80.

El mercadillo ambulante tuvo larga vida, pues hasta el 2002 mantuvo su cita semanal. Casi veinticinco años de existencia fueron borrados de un plumazo y los vendedores se vieron obligados, por decisión del Ayuntamiento, a tener que trasladarse provisionalmente a Torneo. De allí pasaron al Charco de la Pava, para posteriormente asentarse cerca del Estadio Olímpico.Sin embargo, durante su transcurso, el mercadillo proporcionó muchísima vida a la Alameda sevillana. Los bares de la zona hacían su negocio nada menos que en domingo, y los transeuntes podían pasear y hacerse con antiguedades o artículos de segunda mano.Abajo, escena habitual de un domingo por la mañana del año 1979, en la Alameda. Con los Hércules al fondo, el mercadillo enriquecía con su vida al bulevar alamedano, en aquellos solitarios domingos. Ya hace años que dejó de existir.


LOS QUIOSCOS QUE DESAPARECIERON

Otros elementos predominantes durante los años 70 y 80, fueron los kioskos. En aquella Alameda existieron más de una decena, los cuales recorrían el bulevar en toda su longitud. Normalmente solían ser de color verdoso, verde y blanco, otros inclusive de metal plateado a partir de la segunda mitad de los años 70.

El mundo de las leyendas urbanas, con el paso del tiempo, también llegó al mundo de la Alameda. En concreto, una historia popular fue la de un kiosko que durante muchos años se halló ubicado cerca de la Casa de Las Sirenas; en dicho establecimiento, por lo visto, se proporcionaban pastillas anticonceptivas sin receta médica.

 Ya en la década de los 90, la mayoría de los quioscos fueron desapareciendo.A principios de 2000 las órdenes municipales sobre el cambio de estética fue afectando a estos negocios, los cuáles fueron cambiando su configuración; mientras que también paralelamente se les fue otorgando otra ubicación. Abajo vemos el antiguo kiosko de Maruja, en 1978, que últimamente permanece un poco más allá de su lugar habitual. Debajo de la foto, el quiosco en la actualidad.


 Otros de los quioscos habituales: el de la "Sorda" (arriba). En 1974 se hallaba, según la imagen, frente a Chispitas, entre la calle Amor de Dios y el comienzo de la Alameda; hoy en día es la esquina de un derribo abandonado desde hace años. Se mantuvo hasta principio de los 90, pero ya cerrado en sus últimos años. Abajo, veremos el kiosko de Manuel, propietario durante muchos años de este puesto. Hasta 1976 se hallaba justo al lado del Casino ferroviario, hasta la construcción del enorme edificio color blanco que sustituyó a unas casas antiguas, y que aún permanece; por lo que fue llevado al frontal del Casino. Con ese color metal se mantuvo hasta su retirada del lugar, en 2010.


EL CAMBIO DE LA FISONOMÍA: OTROS NEGOCIOS DESAPARECIDOS

 La evolución de muchos locales de la Alameda, fue algo que a partir de la segunda mitad de los 90 cambió la fisonomía del entorno. Algunos recordarán los Recauchutados Cala, la barbería que estaba en el edificio del colegio San Luis Gonzaga, o la papelería que se hallaba en la antigua Academia de Realito.

Arriba, Recauchutados Cala, que cubría el principio de la Alameda, haciendo esquina con la calle Barco. Era uno de los talleres que permanecieron durante años en la zona, hasta que a finales de los 80 dejó de existir. Anteriormente, fue la desaparecida taberna "Los Majarones". Pese a que la imagen es en B/N, la parte del local era amarilla con franjas azules. En la actualidad (imagen de abajo) su espacio está ocupado por un bar de estética gay.
En las imágenes siguientes, perteneciente al año 1978, veremos el antiguo Casino Ferroviario, que existió como tal hasta finales de los 80. Posteriormente se cerró durante algunos años hasta que a principios de 2000 se convirtió en un video o dvd club, tal y como se conoce actualmente. Ya desde los años 40, el Casino figuraba en la Guía Gómez Zarzuela como lugar de recreo y asueto para los jubilados ferroviarios. Una vez que cerraba al final de la jornada, en la parte de arriba se hallaba un garito en el que se establecían timbas de cartas, allá en los 70 y en parte de los 80, cuando el juego estaba prohibido.


Para finalizar el primer bloque sobre la Alameda, a continuación una joya, un reportaje de Juan Sebastián Bollaín, realizado en 1978, que trata sobre la vida cotidiana en la Alameda, en vistas a uno de los proyectos del Ayuntamiento de entonces cara a la remodelación del bulevar. Pese a que aquellos planes no se llegaron a realizar, al final lo consiguieron. El convertir la Alameda en un lugar lúdico y habitable le cambió la configuración, pero también la identidad, ya que el sosiego y la sensación de estar en un lugar, en un "submundo" dentro de la ciudad, se perdieron.











EL ADIÓS DE LOS ALMACENES VILIMA


Leyenda de los almacenes Vilima en la calle Lagar. Fuente: josecarlos.net

Hace pocos días nos enteramos a través de la prensa del cierre definitivo de los almacenes Vilima, es decir, aquel edificio que aún permanece en la calle Lagar número 2, esquina Puente y Pellón. Ante la desaparición de aquellos grandes almacenes, nuestro amigo José Carlos ha publicado en su blog www.josecarlos.net un interesante comentario que copiamos y a continuación publicamos aquí :

Casi de incógnito, con ciertas dosis de nocturnidad, sin ruido, discretamente…así se nos ha ido para siempre uno de esos símbolos de la Sevilla que uno recordará toda su vida: la de las bulliciosas calles del centro y la de los almacenes de telas.

Un anuncio en la prensa local anunciaba hoy la disolución de Vilima que, si bien lleva varios años con las puertas cerradas, ahora se oficializa su defunción definitiva. Estos emblemáticos almacenes, en la calle Puente y Pellón, es una víctima más, otra más, del declive de la zona en la que se encuentra, en parte por su situación de difícil acceso y, por supuesto, por el abandono municipal a los comerciantes de esa zona que el Ayuntamiento lleva décadas perpetrando con enorme alevosía, con unas interminables obras en la Encarnación, con continuos levantamiento de aceras y un largo catálogo de despropósitos.

En sus mejores momentos, que fueron hace más de dos décadas, Vilima tuvo, creo recordar, hasta 7 plantas, cafetería, decenas de trabajadores siempre atentos y un surtido envidiable de prendas. Yo la recuerdo por los abrigos expuestos en sus escaparates y por los rollos kilométricos de telas de todas clases y colores, telas que acababan convirtiéndose en una falda o un vestido gracias a los patrones de la revista “Burda”, que ya podría haber tenido un nombre un poco más atractivo, dicho sea de paso.

Cada vez que un negocio emblemático cierra sus puertas, se van para siempre unas vivencias que sólo perdurarán en el recuerdo de quienes tuvimos la ocasión de conocerlo y de sentirlo, de una forma u otra, como una parte más de nuestra vida. Hoy, Vilima; como ayer Gicos, Simago y tantos otros comercios que ya sólo podremos recordar como parte de una Sevilla, la de nuestra infancia, perdida para siempre en el tiempo. "

Muchos años han llovido desde que allá por 1963, el almeriense José Lirola Cerezuela abrió este centro comercial, el cual tuvo que ser renovado, adquiriendo una imagen similar a la actual, tras el incendio sucedido en julio de 1968, reabriéndose y ampliándose al año siguiente. Hasta 150 empleados se llegó a constar. El edificio disponía de seis plantas, incluyendo cafetería, estanco, ropa, peluquería y hasta un supermercado en la planta sótano; es decir, una innovación para la época, emulándose al reciente Corte Inglés. De aquella forma se reforzó notablemente el comercio en Puente y Pellón y demás calles aledañas a la Encarnación, Sierpes y El Salvador. Muchos aún recordamos aquel " ¡¡ Zafarrancho Vilima !! ", mensaje publicitario que podíamos escuchar en las emisoras de la radio en los 70, 80 y parte de los 90.


En paralelo a la decadencia comercial de la zona, Vilima cerró en 2001, abriéndose sólo de forma muy esporádica durante esta década, como por ejemplo se hizo para la película "Crimen perfecto" de Alex de la Iglesia, en 2004.


Abajo, cerramos el reportaje mediante una imagen tomada en 1978 que recoje una calle Puente y Pellón llena de vida. Ese letrero al fondo del camino está por desaparecer una vez que en lugar de Vilima se establezca un hotel de 4 estrellas de la cadena hotelera High Tech, que ya veremos cuanto dura, mas aún dentro de esta sociedad globalizada y de continuos cambios; porque desde luego, estos más de 30 años de la Vilima tal y como la conocimos, bien que se han merecido una pequeña dedicatoria en esta Sevilla Perdida.







  






EL KIOSKO DE LOS JARDINES DE CRISTINA

Continuando el repaso a los kioskos desaparecidos, encontramos uno de ellos muy curioso, por haber formado parte de la memoria colectiva de la ciudad, aunque quizá de manera no tan importante; eso sí, siempre dentro de la línea tradicional que formaron aquellos puestecillos pintados en verde o en verdiblanco, muy del gusto andaluz, pero que desaparecieron por puro mandato consistorial, acabándose de esta manera con una estética muy arraigada durante décadas.                                                                                           

EL KIOSKO DE LOS JARDINES DE CRISTINA

Hacia 1932 se inauguraron los actualmente conocidos como Jardines de Cristina (antes Salón de Cristina), dedicados en nombre de María Cristina de Borbón Dos Sicilias, esposa del rey Fernando VII. Aquellos jardines se extendían hasta la Torre del Oro, pero ante a la Exposición de 1929 con la construcción de los hoteles Cristina y Alfonso XIII, quedaron confinados a una superficie similar a la actual. A tenor de lo que nos enseña la siguiente imagen, con la Torre del Oro al fondo, pueden observar la amplitud de los Jardines,  los cuales ocuparían más hasta más allá de la calle Almirante Lobo, llegando al menos hasta donde se halla hoy en día el esperpéntico edificio de Helvetia Seguros:


Las muy recientes restauraciones de los Jardines resultaron satisfactorias en lo referente a la conservación en general, resultando de las obras un espacio para el paseo y disfrute, lejos del estado de abandono en que se encontró el lugar durante años. Sin embargo existe un detalle olvidado, que es el desinterés total del Consistorio por la conservación de los kioskos, ya fueran privados o de pertenencia municipal. Este último caso relacionado con nuestra denuncia, fue el que correspondió a un viejo casetón que estuvo ubicado en aquel parque; al parecer sirvió para uso de los vigilantes de los Jardines y permaneció desde tiempos de la Exposición Iberoamericana del 29 hasta, creemos, relativamente pocos años, afirmando aún de su existencia en 1983. Ojo, de madera y por supuesto verde:                                                                                            


Abajo, atisbándose parte de la Torre del Oro a la izquierda, vemos a la derecha donde estaba el kiosko. La imagen da la impresión de haber sido tomada en la década de los 50. En el muelle, un buque de la Armada Española.  
                                                                                                                                                     

Pero la realidad es que aquella caseta un día de estos desapareció y dejó de ser aquella pequeña figura  desapercibida que formó parte de los Jardines durante tantísimos años ¿la recuerdan? Intentaremos saber qué pasó con aquel kiosko, conocer su actual ubicación si es que aún existe. Quizá fuese rehubicado en el mismo Parque de María Luisa junto a otras casetas similares, si es que aún quedan, claro.




EL ALMACÉN DE MADERAS DEL REY

Algunas veces la belleza singular de Sevilla nos ofrece rincones determinados, que pese a que hemos caminado muchas veces por su lado, no nos detenemos a observar por el mero hecho de que lo desconocemos, o porque también no nos llame excesivamente la atención debido a que puede estar camuflado ante nosotros. Tal es el caso del antiguo Almacén de Maderas del Rey, un edificio de trescientos años de antiguedad que en su momento gozó de cierta importancia en nuestra ciudad debido a su utilidad. Actualmente existe, pero su fisonomía se cambió de tal manera que para nuestros sentidos puede pasar desapercibido. Se encuentra justo donde comienza la calle Arjona, umbral de Reyes Católicos, pero es más bien conocido porque forma parte del concesionario de Mercedez-Benz.

En 1680 fue fijada en Cádiz la cabecera de las flotas de Indias y el 12 de mayo 1717, fue firmado el Real Decreto que traspasaba a Cádiz los Tribunales de la Casa de la Contratación y del Consulado Marítimo. De aquella manera Sevilla dejó de disfrutar los privilegios de los siglos anteriores, entrando en un período de decadencia económica, centrándose básicamente la ciudad en el desarrollo industrial.

Consecuencia, entre otras muchas, de las nuevas reformas fabriles, fue la construcción del Real Almacén de Maderas de Segura en 1735, el cual servía de almacenamiento y venta de las maderas que provenían a través del río de los pinares de la Sierra del Segura y que se utilizaron en las Atarazanas para el armado de la Flota de Indias. El Almacén dependía del Alcaide de los Reales Alcázares y estaba dirigido por el abogado y académico Sebastián Antonio de Cortés. En la fotografía siguiente, el Almacén en 1950, todavía reconocible, en estado prácticamente íntegro:


Abajo, el Real Almacén de Maderas figurado en el Plano de Olavide de 1771. El lugar elegido para su ubicación fue el espacio comprendido entre la Puerta de Triana -aún sin derribar- y el puente de barcas del río. También, según se ve a la derecha del Almacén, aparece una de las cárceles de la ciudad:

Al contrario que otros edificios sevillanos y de la zona, el Real Almacén pasó desapercibido por el tiempo, sin ser prácticamente tocado, al contrario que la Puerta de Triana, la Cárcel, o incluso otro almacén de maderas existente en la segunda mitad del XIX, el que fue propiedad de Ramón Piñal y Alba, cuyo espacio parte fue ocupado por el edificio de la Asociación Sevillana de Caridad, obra de Aníbal González, construcción que aún no existe a la izquierda del Almacén, que señalamos en esta perspectiva de principios del XX, tapado por las naves de la Lonja del pescado:

En 1859, la calle Áncora, que estaba en la fachada lateral izquierda del edificio, pasó a denominarse Segura, en honor a la procedencia de las maderas que en su tiempo llegaban al Almacén. Pese a que en 1996 se intentó cambiar de nuevo el nombre de la vía por Almacén del Rey, continuó con su denominación anterior.

A partir de 1965-66, la empresa de transportes Damas ocupó el interior del singular edificio, utilizándolo como principal aparcamiento. Por aquellas fechas, también se incurrió en otra desacertada acción urbanística, edificando viviendas en el interior de la fábrica, cuando lo más adecuado hubiese sido el haberlo conservado en lo posible a su aspecto primigenio y no con esos adosados pastiches que le restaron su esencia de varios siglos.




LOS KIOSKOS DE LA PLAZA DEL MUSEO Y LOS DE 1939

LOS KIOSKOS DE LA PLAZA DEL MUSEO Y LOS DE 1939

La mayoría de los kioskos sevillanos de prensa o chucherías, pasaron a un modelo uniforme, perdiendo las variopintas y tradicionales estéticas que los conformaron. La ley de 1998-99 se encargó de ello, facilitándole de esta forma al kiosquero una estructura más moderna, segura y funcional; a cambio, dejamos de ver aquellas casitas de madera, por lo general, de espacio limitado y tal vez frágil apariecia, pero que pertenecieron al costumbrismo que vivió algunas generaciones de sevillanos, cosa esta que poco le importa al político una vez descubre por donde ganar dinero.

Sevilladesaparecida.com ha sido un portal pionero en la investigación y difusión sobre la historia de nuestros quioscos tradicionales. Continuamos en esa línea, dirigiéndonos en esta ocasión a los ubicados en la histórica Plaza del Museo, espacio resultante esta última de una operación urbanística que se culminó con la demolición de gran parte del Convento de la Merced en el siglo XIX.

En 1875 el Ayuntamiento decide celebrar una velada debido a una fiesta religiosa de la Iglesia de San Vicente. Desde entonces se instalaron paradas de carruajes, urinarios públicos y puestos de agua. Rafael Laffon, evocaba a la Plaza como "oscura y desértica" durante la noche, pese a todo, desde los años 90 del siglo pasado se halla concurrida por vagabundos, que ocupan bancos y espacios verdes para dormir, mezclando un paisaje algo pintoresco entre los turistas que visitan la Pinacoteca y la joven chavalería que discurre por allí. En los 80, también acudían mendigos provenientes de una casa ubicada en la calle Abad Gordillo, donde repartían bocadillos.



El kiosko más antiguo del que tenemos constancia se estableciera en la plaza, se encontraba en la acera casi frente a Abad Gordillo, mirando a la fachada de la desaparecida Iglesia de la Asunción, tal como nos lo dice la imagen de la izquierda, que fue tomada en 1928 y en la que figuran, de izquierda a derecha, Juan Antonio Domínguez Valderrama ( propietario de aquel kiosko y padre de la dueña del posterior ), su tío, Francisco Vidal; un taxista, y Josefa Vidal Camacho, hija de Juan Antonio.

Esta clase de puestecillo, pequeñito, se prestaba a abrirse a través del mismo cierre, al parecer, por dos lados distintos. En su tiempo abundaron junto a otros modelos mayores.




Según la hija de Josefa, Carmen Domínguez Vidal, databa de "cuando el Movimiento", el nuevo kiosko que sustituyó al anteriormente reseñado, por lo que se debió establecer entre 1936-39. Por aquellos años y quizá también algo posteriormente, debieron programarse construcciones muy similares, de las que se citan al menos una terna de modelos de sutiles diferencias. A la derecha, el puesto de Carmen cuando ella aún vivía, a principios de los años 80. Aún había espacio para que los chavales dieran patadas a un balón y se asombraran ante la rara aparición de pintorescos personajes foráneos que pasaban por allí. Actualmente, el Quiosco pertenece a Información y Turismo, pero lleva tiempo cerrado. Abajo, vemos que en el plano de la ciudad de 1943 aparece en la Plaza del Museo en su enclave actual; 

Los otros modelos similares al del Museo, estuvieron repartidos por diversos puntos de la ciudad. Caso curioso es el de la Plaza del Duque, que según la perspectiva en la riada de 1961, se hallaba frente al Palacio de los Cavaleri, que en la imagen aún estaba casi en ruinas, pero que a partir de 1963 pasaría a ser los almacenes Lubre. Al no encontrarse en planos de los 40, dataríamos al establecimiento en la década de 1950:
En la Plaza Nueva, sabemos que existieron tres puestecillos, estando uno de ellos a modo de estanco y otro para la venta de la prensa. Esta fotografía particular que hemos recibido, a nombre de Celestino Menéndez Ruiz, tomada a fines de los años 50 y principios del siguiente decenio, nos coloca el Kiosko a la izquierda del lector, en un tiempo pasado libre del trasiego que en nuestros días ofrece el centro:
De igual forma, el plano de 1943-45 nos expone la imagen de los tres puestos, siendo el que está a la siniestra frente al Consistorio el de arriba:
Hasta aquí la primera parte de los modelos de puestecillos que se construyeron a partir de 1936, racionalistas, de forma hexagonal a la última moda de la época. Desaparecidos la mayoría de ellos, seguirán sobresaliendo en su protagonismo, cuyo espacio les dedica sevillaperdida.blogspot.com