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viernes, 13 de octubre de 2017

PLAZA DE ARMAS: DE ESTACIÓN A CENTRO COMERCIAL


Aspecto de la Estación de Plaza de Armas a principios de 1900 
La Estación de Plaza de Armas (conocida popularmente como Estación de Córdoba) fue levantada por la compañia ferroviaria "Madrid Zaragoza Alicante" (MZA) en 1899 bajo la dirección del ingeniero Nicolás Suarez y Albizu, ayudado por Carlos Vázquez, siguiendo el proyecto del ingeniero portugues José Santos Silva. La Estación fue inaugurada el 18 de marzo de 1901. Se trata de un edificio Neomudejar dividido en 3 cuerpos. El central y mas amplio está cerrado por uno de los lados con una gran vidriera de cristal e hierro formada por arcos polilobulados, inspirados en los de la Mezquita de Tánger.

UBICACIÓN Y SEMBLANZA HISTÓRICA: LA ESTACIÓN PRIMITIVA

Como reseñamos en el anterior trabajo dedicado a la calle Torneo, en el mapa de 1860 (abajo) aparece la anterior Estación que debió ser derribada posteriormente para iniciar la construcción de la actual. Retrato pintoresco, pues se conjugaba la existencia de las vías férreas con las todavía existentes puertas de Sevilla, contemplando en el plano la monumental Puerta de Triana en la parte superior derecha, mientras que justo al frente de la Estación ferroviaria, la Puerta Real, un edificio que sería destruido sólo dos años después de la traza de este mapa, en 1862. Por lo tanto, observando el ensanche ya existente nos preguntamos si fue o no realmente necesario el derribo de aquella histórica y artística Puerta de Hernán Ruiz II por la que hizo entrada Felipe II.



En 1852 se iniciaron los primeros trabajos para el tendido de la vía férrea, que habrían de concluir en 1859, cuando salió desde Sevilla con destino a Lora del Río el primer tren con servicio público. La que estaba destinada a ser eventual estación (abajo) se alzó en el "Campo de Marte", lugar elegido por el Ejército para sus desfiles (de ahí "Plaza de Armas"):


PRECEDENTES PARA UNA NUEVA ESTACIÓN MÁS ACORDE

Pero debido a su débil estructura, andenes cortos, terreno arenoso inestable, se comprobó que aquel edificio no podía mantener la futura línea Sevilla-Huelva, proyecto del Plan General de Ferrocarriles  de 1864, un proyecto  relegado al ostracismo al no interesarse empresa alguna en llevarlo a cabo. Hasta que el Estado vendió las minas Rio Tinto a la compañía inglesa The Rio Tinto Limited.

Realmente  la primera concesión de un ferrocarril  entre Sevilla y Huelva, solicitada el 5 de mayo de 1869, la obtuvo el ingeniero Carlos Lamiable y Watrin por la R.O. de 20 de agosto de 1869 emitida por el Gobierno provisional del General Serrano, el Regente del Reino por Orden del 14 de marzo de 1870  declaró la concesión.

La compañía se hizo cargo de unas obras que no terminaban de concluir con la celeridad adecuada puesto que el contrato notarial fijaba su finalización para el 30 de junio de 1879. Quedando completados los 110 kilómetros de línea el 29 de febrero de 1880 , entregando la constructora la línea el 15 de marzo del mismo año.

Además MZA recibió un material móvil integrado por 24 locomotoras, 32 coches y 403 vagones. Un material que se adquirió de segunda mano, procedente de la línea de Madrid á Alicante y que no ofrecía garantía de buen uso quedando gran parte del mismo rechazado por los ingenieros .

Terminados los trabajos de la línea, se llevó a cabo la prueba de la misma el 12 de octubre de 1879, sin embargo no es hasta el 29 de febrero de 1880 fecha en la que se dio oficialmente por concluida la línea de Sevilla a Huelva, entrando en servicio el 15 de marzo de aquel año en la primitiva Estación de Plaza de Armas, que como apuntamos fue sustituida por la actual a partir de las obras de 1899.

El actual edificio, durante su devenir, sufrió escasas modificaciones. En 1906 se montó la mampara de hierro y cristal en el frente de la montera con tal de evitar los vientos. Sin embargo todavía algunos sevillanos recuerdan cuando en julio de 1987 un tren tranvía se saltó los topes, destrozó el kiosko de prensa, se empotró en la fachada y originó un incendio. Aún así, en 1982 se produjeron nuevos arreglos ante la proximidad del Mundial de fútbol de 1982, reponiéndose cristaleras, limpiándose y pintándose de nuevo, prolongando los andenes, etc.

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En la fotografía de arriba podemos ver la montera de la estación por la parte de atrás, sin cristalera debido a que los vientos eran frenados por la parte principal de la fachada.

Como hemos aludido en otras ocasiones, la llegada de la Exposición de 1992 fue pareja a la nueva reestructuración de estaciones y vías. Afortunadamente, el edificio se conservó en su mayor parte, pese a que las estructuras internas sufrieron ostensibles modificaciones, convirtiéndose en un centro comercial. De todas formas, la piqueta no se detuvo ante las nuevas obras de ensanche en Torneo y la construcción de la nueva estación de autobuses. Fruto de ello fue la destrucción de una pequeña construcción aledaña de gusto regionalista de la época, dependencia de la Estación, la cual podemos ver abajo en dos imágenes: 1º) recorte de prensa de 1982 (en el cuadrado rojo); 2º) excelente toma de la caseta, a la izquierda, ya durante los años 70:



LOS INMEDIATOS ALEDAÑOS HASTA LOS 70 Y 80

Muy pronto, las calles cercanas a la Estación, tales como Gravina, Arjona o Marqués de Paradas fueron aumentando su actividad comercial mediante el establecimiento de bares y hoteles baratos para viajeros. También las capas bajas sociales comenzaron a beneficiarse, pues proliferó la prostución encubierta por los aledaños. Lo prohibido. En fin, que aquella construcción también llegó a ser testigo del embarco de pasajeros ilustres, tales como reyes, ministros, o sin ir más lejos se presenció la traída de los restos mortales del torero Joselito "el Gallo" en 1920

Tal y como dijimos, las calles aledañas desde la ubicación de la Estación de Plaza de Armas fueron proliferando en la generación de nuevos negocios, como por ejemplo, el histórico Bar Los Gabrieles. Ubicado en la Plaza de la Legión fue uno de los lugares emblemáticos cercanos a la Estación: bar, comedor, salón de juegos, y actualmente hostal en una parte del edificio. Decorado con azulejería trianera desde 1935, al estar cerrada la parte antigua, la fachada va sufriendo un deterioro progresivo. En los 70 y 80 fue un lugar elegido por muchos viajeros para almorzar y descansar. Este tipo de sitios no deben ser derribados, sino mantenidos de alguna manera por quien corresponda.


 Otro de los lugares cercanos a la Estación, contrapunto a Los Gabrieles, fue el hace años célebre Pub Arny, uno de los primeros establecimientos para gays en la zona. Abrió al público en 1989 -por ese motivo lo incluimos-, pero a partir de 1996 un escándalo relacionado con la corrupción de menores que fue célebre en la Sevilla de entonces sirvió para que se cerrara el local. Otro lugar de ambiente similar, el "27", ya existía por las cercanías a Plaza de Armas desde 1983. Por aquel entonces calles adyacentes a la Estación, como Trastamara fueron lugares escogidos para el mundo gay de entonces.


EL FINAL DE LA ESTACIÓN

Sabido y archirrepetido fue la causa de la desaparición de la Estación ferroviaria de Plaza de Armas la llegada de la Expo '92. En 1991 prácticamente no quedaba nada o casi nada de aquella terminal, salvo la estructura principal. La imagen de abajo nos muestra un momento de las obras:

  
Por último, una grabación excelente de 1990, ante lo que era inevitable: el fin de la Estación y la última salida de tren, el "Estrella Giralda", a las 23 horas del 29 de septiembre de 1990, un expreso con destino a Madrid.  


  








LA ESTACIÓN DE SAN BERNARDO


La estación de San Bernardo fue encargada por la Compañía de Ferrocarriles Andaluces al ingeniero Agustín Juberd en 1902. Con la inauguración de esta estación, Sevilla contaba con dos grandes edificios ferroviarios, contando la de Córdoba, que pertenecía a la compañía MZA (Madrid-Zaragoza-Alicante). La de San Bernardo se construyó siguiendo los cánones clasicistas, con arcos de medio punto, pilastras y balaustradas clásicas. El material empleado fue el ladrillo (material por antonomasia en la arquitectura sevillana) y la piedra, dándole al edificio un interesante juego cromático entre el rojo del ladrillo y el blanco de la piedra utilizada en cornisas, puertas y ventanas, además de diferentes elementos decorativos.

Hablar de la estación de San Bernardo era hablar de trayectos hacia Utrera, Jerez, Puerto de Santamaría o Cádiz como destino final. En los años 70 y 80 muchas familias sevillanas elegían la Tacita de Plata y alrededores como destino vacacional. Principio y destino de viajantes, turistas, marineros.... Pero las obras de 1992 -para no variar- acabaron con cien años de terminal ferroviario. Actualmente, las dependencias y la marquesina forman el mercado de abastos de San Bernardo. Sin embargo, lo poco que se conserva, en estos tiempos de globalización y cambios continuos en el que se controla todo lo utilizable, las vetustas estructuras vuelven una y otra vez a padecer la intranquilidad sobre su supervivencia.


Arriba, imagen a color de la estación en la entrada de los trenes por una de las vías del trazado. Aún estaba en funcionamiento en 1991. A la izquierda, el muro que marcaba la separación de la zona ferroviaria. La pared está formada por tableros divididos por pilastras salientes. Para los nostálgicos, amantes de la conservación de los viejos reductos, aún se conserva; sin embargo se halla pintado por grafittis. Lugares ocultos, perdidos en el tiempo, en los que niños y adolescentes del barrio cercano vivieron sus aventuras y recorrieron lugares entonces prohibidos. Abajo, una espléndida toma fotografiada en 1980, en la parte de la salida con destino hacia Cádiz. 
Arriba, otra vista del interior de la Estación cuando se hallaba aún en activo. Las dependencias y oficinas aún se hallaban abiertas, pero actualmente todo está retocado y al servicio del mercado de abastos; pero ¿por cuánto tiempo? A la izquierda de la imagen, el muro antes de ser pintado.             
   

EL ALMACÉN DE MADERAS DEL REY

Algunas veces la belleza singular de Sevilla nos ofrece rincones determinados, que pese a que hemos caminado muchas veces por su lado, no nos detenemos a observar por el mero hecho de que lo desconocemos, o porque también no nos llame excesivamente la atención debido a que puede estar camuflado ante nosotros. Tal es el caso del antiguo Almacén de Maderas del Rey, un edificio de trescientos años de antiguedad que en su momento gozó de cierta importancia en nuestra ciudad debido a su utilidad. Actualmente existe, pero su fisonomía se cambió de tal manera que para nuestros sentidos puede pasar desapercibido. Se encuentra justo donde comienza la calle Arjona, umbral de Reyes Católicos, pero es más bien conocido porque forma parte del concesionario de Mercedez-Benz.

En 1680 fue fijada en Cádiz la cabecera de las flotas de Indias y el 12 de mayo 1717, fue firmado el Real Decreto que traspasaba a Cádiz los Tribunales de la Casa de la Contratación y del Consulado Marítimo. De aquella manera Sevilla dejó de disfrutar los privilegios de los siglos anteriores, entrando en un período de decadencia económica, centrándose básicamente la ciudad en el desarrollo industrial.

Consecuencia, entre otras muchas, de las nuevas reformas fabriles, fue la construcción del Real Almacén de Maderas de Segura en 1735, el cual servía de almacenamiento y venta de las maderas que provenían a través del río de los pinares de la Sierra del Segura y que se utilizaron en las Atarazanas para el armado de la Flota de Indias. El Almacén dependía del Alcaide de los Reales Alcázares y estaba dirigido por el abogado y académico Sebastián Antonio de Cortés. En la fotografía siguiente, el Almacén en 1950, todavía reconocible, en estado prácticamente íntegro:


Abajo, el Real Almacén de Maderas figurado en el Plano de Olavide de 1771. El lugar elegido para su ubicación fue el espacio comprendido entre la Puerta de Triana -aún sin derribar- y el puente de barcas del río. También, según se ve a la derecha del Almacén, aparece una de las cárceles de la ciudad:

Al contrario que otros edificios sevillanos y de la zona, el Real Almacén pasó desapercibido por el tiempo, sin ser prácticamente tocado, al contrario que la Puerta de Triana, la Cárcel, o incluso otro almacén de maderas existente en la segunda mitad del XIX, el que fue propiedad de Ramón Piñal y Alba, cuyo espacio parte fue ocupado por el edificio de la Asociación Sevillana de Caridad, obra de Aníbal González, construcción que aún no existe a la izquierda del Almacén, que señalamos en esta perspectiva de principios del XX, tapado por las naves de la Lonja del pescado:

En 1859, la calle Áncora, que estaba en la fachada lateral izquierda del edificio, pasó a denominarse Segura, en honor a la procedencia de las maderas que en su tiempo llegaban al Almacén. Pese a que en 1996 se intentó cambiar de nuevo el nombre de la vía por Almacén del Rey, continuó con su denominación anterior.

A partir de 1965-66, la empresa de transportes Damas ocupó el interior del singular edificio, utilizándolo como principal aparcamiento. Por aquellas fechas, también se incurrió en otra desacertada acción urbanística, edificando viviendas en el interior de la fábrica, cuando lo más adecuado hubiese sido el haberlo conservado en lo posible a su aspecto primigenio y no con esos adosados pastiches que le restaron su esencia de varios siglos.




EL TEATRO SAN FERNANDO DE SEVILLA ( 1847-1969 )

Entre los crimenes urbanísticos perpetrados en la Sevilla de los años 60-70, destacamos de entre otros muchos el derribo del Teatro San Fernando. El teatro monumental que tuvimos en el mismísimo corazón de la ciudad, en la calle Tetuán desde mediados del siglo XIX, desapareció para siempre dentro de un doloroso y lento proceso que comenzó a finales de los años 60 para después permanecer en un absoluto abandono durante más de una década. Veamos su historia.


Arriba, imagen del Teatro poco antes de cerrar. La calle Tetuán ofrecía aún la escena pintoresca de los vehículos pasando, cosa esta que acabó a partir de los 90. Sin embargo, el San Fernando fue una pérdida irreparable para la ciudad que jamás se pudo restañar.

La dilatadísima historia del Teatro San Fernando comenzó en 1847, tras la utilización del solar que ocupó el Hospital del Espíritu Santo -que estuvo dedicado al tratamiento de la sífilis-, por parte de Julián José Sánchez y José de Caso. Los arquitectos fueron Steinacher y Rohault, los ingenieros que habían construido el "Puente de Hierro". La decoración del teatro corrió a cargo de Antonio Cabral Bejarano, mientras que Antonio Paradas se encargó de la carpintería.

En la primavera de 1847 terminaron las obras del teatro. Pero pronto corrieron fuertes rumores acerca de la hipotética defectuosa construcción del edificio. Ante aquellas circunstancias, el regidor José Mª de Ibarra afrontó las pruebas de resistencia del teatro, ordenando la colocación de numerosos cañones trasladados desde la Maestranza: se rellenó el patio, el escenario y las plantas del local, sumándose un peso superior mil veces al lleno del recinto. Durante tres días duró aquella prueba, dejando satisfechos a todos.

Según apuntaba Santiago Montoto, "el teatro costó dos millones de reales, aprovechándose materiales del viejo hospital, tales como columnas, artesonados y demás maderas, así como un centenar de columnas. En ocasiones, con tal de acelerar las obras, llegaron a trabajar hasta doscientos trabajadores día y noche".

"El teatro dispuso de un aforo de 3.000 personas sentadas, además de una zona dedicada a los huéspedes que podía albergar una compañía teatral completa. La sala de espectáculos fue la más suntuosa de España, contando con una enorme lucerna central de 150 luces."

"La sala tenía, además del patio de butacas, de un piso con plateas, y dos de palcos. El teatro estaba decorado de blanco con adornos de oro. Los asientos eran de caoba, tapizados con terciopelo carmesí, como el cortinaje."

Tanto el Teatro San Fernando como el café de Lombardos (conocido de esa forma por dar esquina a la antigua calle de ese nombre, actual Muñoz Olivé, se estrenaron el 21 de diciembre de 1847, representándose la ópera de Verdi "I Lombardi".

Abajo, fotografía del escenario del Teatro San Fernando. Al fondo, un hermoso ciclorama muy sevillano.


Muy pronto, el San Fernando se convirtió en la principal sala sevillana dedicada al menester teatral, superando al Teatro Principal del Marqués de Guadalcázar, por lo que no era de extrañar que el edificio de la calle Colcheros (antiguo nombre de Tetuán) se erigiera como el segundo teatro más importante de España en paralelo al Real de Madrid.

Gran parte de la sociedad del romanticismo sevillano se dio cita en el San Fernando: los duques de Montpensier, la Condesa de Castilleja de Guzmán, el Marqués de la Motilla o la mismísima Isabel II se llegaron a dar cita en los palcos del teatro.

En aquellos tiempos se disfrutaron de los dramas de José de Zorrilla, los cuadros de costumbres de los Álvarez Quintero, Muñoz Seca, Arniches; las comedias de Bretón de los Herreros o de Ventura de la Vega. Interpretándose, por supuesto, obras también dramáticas de Echegaray, Joaquín Dicenta, Victor Hugo, Gabriel D´Annunzio, Pérez Galdós, Ibsen o Marquina. También vaudevilles, mas la "alta comedia" con Benavente, Bernard Shaw, Pemán, Valle Inclán, Pirandello, Luca de Tena, los Machado....todo un siglo de la mejor dramaturgia en el mismísimo centro de nuestra ciudad.

En parte de los años 20 el teatro cerró de manera temporal permaneciendo abandonado debido principalmente al deterioro de su decoración, aunque a partir de 1934 fue reparado, incluyendo nueva iluminación eléctrica entre otros retoques, así como también nuevas salidas a Tetuán y Muñoz Olivé. Concretamente, el 11 de abril de 1934, el teatro vivió su reapertura. Los hermanos Álvarez Quintero compusieron para este momento el poema "salutación a Sevilla", representándose seguidamente su también quinteriana comedia "lo que hablan las mujeres".

Precisamente, en aquella década de los 30, el Teatro San Fernando comenzó sus proyecciones sonoras (novedad en la época), muy rentable económicamente, teniendo en cuenta la competencia que se originaba con las salas Duque, Exposición, Portela y Cervantes. El 22 de abril de 1934 se procedió a inaugurar el cine sonoro con la cinta "Yo, tú y ella".


Durante la Guerra Civil se formó en el San Fernando la compañía de Juan Calvo, debutando el 10 de diciembre de 1936 con una obra de Muñoz Seca. En febrero de 1937 a dicha agrupación se sumó la artista Concha Catalá. El 27 de marzo de aquel año debutó la compañía de Carmen Díaz, la cual contaba con figuras como Rafael Bardem o Luis Prendes. En 1938 se alcanzó la mayor densidad de obras en la última etapa del teatro (1935 hasta su cierre , en 1969), actuando compañías como la de la Agrupación Teatral Imperio, la de Francisco Arias y Eladio Cuevas, con su zarzuela "los brillantes", representada cincuenta veces, así como la "Compañía Nacional de Zarzuela", entre otras.

Desde 1939 hasta 1969 el folklore se impone: Marujita Díaz, Marifé de Triana, Estrellita Castro,  Juanita Reina, Paquita Rico o Concha Piquer entre otras, actúan en esos treinta años de los que a partir de 1956, el teatro pasa a ser adquirido por la empresa Lusarreta. Pese a que el 11 de agosto de 1969 se celebró en el coliseo el Primer Festival de Arte Flamenco de Sevilla, terribles enemigos como el cine, la televisión y las nuevas salas de baile de entonces (las "booites"), colaboraron para acabar con la vida del San Fernando, que vio como la especulación urbanística acechaba sin piedad.

Juanita Reina y Caracolillo, en 1967. Sólo quedaban dos años para el cierre. 

En 1973, tras una dejadez total, las piquetas municipales acabaron con el abandonado teatro. No se movió un dedo en conservar aquel espléndido y monumental coliseo neobarroco. Inclusive, hasta sus cuadros, al parecer pasaron a San Lorenzo del Escorial. Según la Delegación Municipal de Urbanismo, el derribo del Teatro San Fernando se enmarcó dentro de una operación inmobiliaria conocida como "Centro Comercial San Fernando". La empresa FIMSA, integrada a su vez en URBIS adquirió el solar del teatro y varios edificios anejos. Hasta ahí la primera parte de lo que fue una trama especuladora que a toda costa rápidamente se hizo con ese bocado apetecible que se llama parte de la calle Tetuán. Lo de la actual C & A ya lo saben: allí es donde estuvieron el San Fernando y el Bazar Sevillano. Todo ello, bajo la aquiescencia de aquellos dos alcaldes cuyos nombres y apellidos siempre estarán ligados al crimen urbanístico realizado en la Sevilla de los años 60 y parte de los 70: José Hernández Díaz (Catedrático de Hª del Arte) y Félix Moreno de la Cova.

Estado de ruina en que se hallaba el teatro, antes de su derribo por la piqueta.







SALVEMOS LA ESTACIÓN DE AUTOBUSES DEL PRADO

HAY QUE SALVAR LA ESTACIÓN DE AUTOBUSES DEL PRADO DE SAN SEBASTIÁN

Las noticias sobre el derribo de la Estación de autobuses de Cádiz se suceden y parecen estar de moda últimamente. La posibilidad que el edificio sea remodelado es contemplada por las autoridades, pero la forma de pensar de quienes hacemos esta página tampoco defiende un cambio drástico del lugar, que lo llegara a convertir en irreconocible. En el trasfondo, una oscura manta de intereses económicos (como siempre) parece cernirse sobre ese espacio. Ya hicieron lo mismo con el antiguo Equipo Quirúrgico.

El conjunto se sitúa extramuros, al sureste de la ciudad histórica, muy próximo a la antigua estación de ferrocarril de San Bernardo, frente a los jardines del Prado de San Sebastián y la antigua Fábrica de Tabacos. Podríamos entender su construcción como una implantación urbanística orientada de limitar el informe espacio de El Prado, aportándole una fachada reconocible como ya hicieran la Fábrica de Tabacos y la Plaza de España.

Una escena de la Estación, tal vez en los años de 1940. Fue el principal nexo de transporte para pasajeros entre Sevilla y Cádiz provincia y capital, en aquellos tiempos de la postguerra en nuestro país. Desde entonces hasta ahora, términos y hechos como el "estraperlo", los mostachones de Utrera, los viajes del equipo del Betis cuando estaba en Tercera División, las vacaciones en El Puerto de Santa María, en Sanlúcar, Cádiz, o los marineros que iban y venían para San Fernando, han pasado a la historia.

El emplazamiento de este conjunto responde originalmente a la proximidad a la estación de ferrocarril de San Bernardo, relación perdida en la actualidad al estar ésta en desuso. Esta vocación de nodo infraestructural del área se ha visto recientemente reforzada por la construcción, en el costado norte del edificio, de los nuevos andenes terminales del tranvía Metrocentro. A este hecho se suma la implantación de las paradas de autobús urbano y metropolitano frente a la fachada sur, y la localización próxima de la parada de la línea 1 del Metro en el Prado de San Sebastián.

Con el barrio de San Bernardo a su espalda y ocupando una parcela de 170 metros de largo por 70 de ancho, la presencia que el edificio debía tener por su relevancia infraestructural quedó reducida por la construcción en 1968 del Palacio de Justicia sobre la plaza de San Sebastián, que se abría frente su fachada oeste y servía de espacio público de ingreso para los viajeros. De igual manera, la mencionada construcción de las cocheras del tranvía en el lado norte de la estación ha modificado en gran medida la relación del edificio con el entorno, poniendo en cuestión la ya poco conseguida relación visual con la estación de ferrocarril de San Bernardo.


En las décadas de los 50 y parte de los 60, la Estación se hallaba más abierta y el Prado también estaba menos cerrado. Abajo, una escena cotidiana de viajeros al lado de las viviendas añadidas:

Se trata de un gran conjunto que a la función infraestructural suma un uso residencial en cinco bloques de viviendas de cinco plantas de altura. Estos bloques de viviendas se alzan como volúmenes perfectamente distinguibles sobre la planta baja, que hace las veces de zócalo en el que se alojan los usos públicos del conjunto: el programa administrativo de la estación en el extremo oeste, más locales comerciales localizados en las esquinas noroeste y suroeste de la parcela, y en la fachada sur, en su punto medio y en su extremo oriental.

El edificio se encuentra en buen estado estructural, tanto los bloques residenciales como la marquesina y la pasarela. Actualmente se están realizando obras de reparación y adecentamiento en fachadas e interiores de viviendas. El estado de mantenimiento de las dependencias de la estación no es bueno, pero aún conservan un sabor evocador.


En los últimos años, el entorno en el que se sitúa el conjunto ha sufrido cambios ligados principalmente al diseño de los nuevos sistemas de transporte público de la ciudad. En el entorno está prevista la construcción del nuevo edificio para la sede de la Consejería de Vivienda y Ordenación del Territorio de la Junta de Andalucía del arquitecto Antonio González Cordón y la consolidación del uso residencial en el solar que linda con las cocheras, con una residencia para jóvenes y ancianos, proyecto del arquitecto Alberto Nicolau, pero ya se verá.

Para el recuerdo sirvan las dos primeras imágenes de 1982 del antiguo reloj que se hallaba en el pasillo central. Desde 1948 hasta 1966 se colocó uno, propiedad de Manuel Iruela; a partir de ese último año fue sustituído por un Royce, que nos consta que por lo menos a principios de los 80 aún estaba en su lugar. Posteriormente se volvió a colgar el reloj primitivo, que es el que luce en la actualidad. Pero ¿dónde está el reló Royce?





A nivel social, el programa de construcción de estaciones para el nuevo transporte en autocar constituyó un verdadero salto cualitativo en la arquitectura de la ciudad. En Andalucía, es a partir de la década de los años 30 cuando este fenómeno, ya implantado con anterioridad en Europa, adquiere especial relevancia. En Sevilla, la estación ha ofrecido el punto tradicional de conexión de transporte público rodado con la ciudad de Cádiz. El uso continuado de la instalación ha contribuido a su asimilación como parte fundamental de la identidad del barrio y de la ciudad.

Los valores históricos del edificio son evidentes, sobre todo por tratarse de una infraestructura plenamente moderna construida a caballo entre la posguerra y los años más difíciles de la autarquía. La estación de autobuses del Prado de San Sebastián fue una de las primeras iniciadas en la posguerra a nivel nacional. La apuesta por la reactivación económica del país por parte de la recién instaurada dictadura se concretaba en edificios ejemplares como el de la estación, que conjugaba intencionadamente la escala monumental de la estación con el propósito de reconstrucción social en base a la promoción pública de viviendas.


Ya veremos que sucede; pero, desde luego, el caso de la Estación de Cádiz puede ser otro ejemplo más de como acabar con lo tradicional gracias a unos señores en cuyo tablero de ajedrez les va la necesidad, tal vez innecesaria para muchos de nosotros, de renovarse o morir.

LA CASA DEL DOCTOR ALEMÁN

LA CASA DEL DOCTOR ALEMÁN

En la calle Antonio Díaz, esquina con el paseo del Colón, justamente al lado de la Plaza de Toros de la Maestranza sevillana, se hallaba la clínica del Doctor Alemán, (otorrinonaringología) un edificio postromántico de bello y sencillo alzado, en el que se llegaron a celebrar tertulias taurinas y que formó parte del cerramiento de la Plaza. Sin embargo, un proyecto ya comenzado en la época del alcalde Juan Fernández en 1976, continuado con Fernando de Parias Merry, fue finalizado en mandato de Luis Uruñuela. Al parecer, la casa del Doctor Alemán impedía la visualización de parte de la Plaza desde algunos puntos exteriores. Una parte de su muro formaba la medianera con la reja del exterior de la Maestranza. Abajo, imagen en los años 70. En 1980 ya había dejado de existir:


La casa, propiedad de la Santa Caridad, fue expropiada, incluyendo un pequeño jardín donde había dos árboles que podían llegar a los cien años. Tanto el Doctor Alemán como la Fundación Benéfica Protectorado de la Infancia, fueron indemnizados respectivamente, mediante una operación que costó poco más de ventitres millones y medio de las antiguas pesetas de entonces.

El proyecto del Ayuntamiento respecto a la casa, formaba parte de otro plan mayor, que incluyó anteriormente el derribo del edificio que se encontraba entre Antonia Díaz-Iris (el callejón por donde entran las cuadrillas), siendo sustituido éste por otro similar (salvo que posee una planta más que el original); algo parecido a lo sucedido en su momento con el Hotel Cristina.

Abajo, toma aérea realizada posíblemente entre los años 50 y 60 del pasado siglo. En cuadrado en rojo, la casa del Doctor Alemán. En su lugar se colocó el jardín que actualmente existe, habiéndose respetado al parecer los dos árboles de la desaparecida construcción:


A continuación, otra perspectiva de la casa en cuestión, en esta ocasión, tomada en la calle Velarde. Vemos el jardín del edificio, el cual se alza a la izquierda. El Colegio de Arquitectos se pronunció tarde, cuando el derribo ya se había aprobado en un pleno:

Finalmente, otro punto de vista de la casa, ahora frente al Paseo Colón. ¿ Fue realmente necesario la demolición de un edificio tan antiguo ? El cuadro pictórico nos lleva a otros tiempos, en los que al menos se podía disfrutar de imagenes como esta, mientras se demolían otras.




CONVENTO DE LA ASUNCIÓN, DERRIBO POR OMISIÓN

Las décadas de los 50, 60 y 70 fueron prolíficas en lo referente al derribo de edificios históricos de la ciudad. Aquellos años, junto al período del siglo XIX, con los "ensanches" y  la "Gloriosa" de 1868, fueron los peores momentos para el urbanismo sevillano: murallas, puertas, palacios, casas señoriales, y un largo etcétera de construcciones arquitectónicas, muchas de ellas auténticas joyas, desaparecieron dejando a Sevilla sensíblemente mutilada en su patrimonio etnográfico. Por todo ello, sevilladesaparecida , dentro de sus márgenes, propone recordar aquello que fue y que nunca debió dejar de ser.

En esta ocasión, dentro de un entorno muy del Romanticismo sevillano como es la Plaza del Museo, hablaremos de uno de los edificios demolidos en el decenio de 1960, como fue el Convento de la Asunción de Nuestra Señora (mercedarias calzadas), lugar que durante siglos perteneció a la estética romanticista de un enclave que, pese a que aún conserva cierto sabor, desde la Puerta Real hasta el Duque no se parece casi en nada a lo que fue.


Dª María Zapata de la Fuente y Martel, viuda de D. Luis Manrique de Almonte, junto a las hermanas Jerónima de Aguilar y Teresa Rojas, fundaron el Convento de la Asunción bajo la obediencia del  provincial de los mercedarios sevillanos fray Luis de Peñaranda.

Se les otorgó la escritura el 24 de abril de 1567, que incluía el espacio donde se edificaría tanto el convento como la iglesia del mismo. Este lugar, formado por un núcleo de casas, abarcaba parte de la calle de las Armas (Alfonso XII), Abad Gordillo y San Vicente.

La iglesia y la escalera principal se proyectaron a partir de 1612 mediante trazas encargadas nada menos que al insigne Juan de Oviedo y de la Bandera, a la sazón entonces Maestro Mayor de la ciudad. En 1615, las obras fueron adjudicadas al maestro albañil Juan de los Reyes.

Juan de Oviedo (1565-1625), exponente de la arquitectura sevillana en la transición del XVI al XVII, fue además  un magnífico escultor y retablista. En el campo de la construcción religiosa, además del Convento de la Asunción, se le debe el Convento e Iglesia de la Merced ,  Convento de la Encarnación de Belén (demolida en 1881), Iglesia del Convento de San Benito, Portada del Convento de Madre de Dios, Portada de la Iglesia de Santa María de Jesús, donde interviene también como escultor.y retablista, etc. Según Francisco Pacheco, Oviedo participó en el templo conventual de San Leandro. Su obra artística es extensísima, llegando incluso a colaborar junto a Martínez Montañés y otros artistas en la creación del Túmulo de Felipe II.

En 1625, Oviedo falleció en Salvador de Bahía, Brasil, durante una batalla, realizando funciones de ingeniero militar.

La planta del templo de la Asunción era de cajón, es decir, rectangular, de una sóla nave, con coro alto y bajo a los piés; tres tramos, receptáculos para los retablos laterales y cubierta con bóvedas y lunetos separados con fajones. La cabecera estaba cubierta por una cúpula de media naranja, separada de la nave por un amplio arco toral. Las características de la nave eran muy similares al de San Leandro.

En la primera mitad del siglo XVIII se realizaron restauraciones diversas en el Convento, debido al estado de antiguedad de las casas sobre las que se asentó la fábrica.

En 1868 el Convento fue suprimido por la Junta Revolucionaria marchando las religiosas al Convento del Socorro de las franciscanas concepcionistas que aún existe en la calle Bustos Tavera. Sin embargo, en el acta de incautación figuraba "la falta de efigies en los altares laterales y la falta del frontal del altar mayor, así como los coros también desalojados. El portero del Convento, D. José Gallego Millán afirmó entonces que la abadesa autorizó a una cuadrilla de operarios llevarse aquel material artístico, del que afortunadamente aún se conserva lo más florido, como por ejemplo el retablo mayor, empezado por Luis de Figueroa en 1630, ahora en el Colegio de Santo Tomás (C/ San Vicente), o un magnífico azulejo de la Asunción (ha.1600) ahora en el Museo de Bellas Artes:


En 1871 las monjas solicitan la devolución de la iglesia y del convento. Las negociaciones son infructuosas por lo que las religiosas comienzan a pedir en pueblos y parroquias , retablos procedentes del convento  que estaban diseminados, concediéndolos en depósito la autoridad eclesiástica. Como mencionamos antes, muchos objetos fueron recuperados, otros no.

Las monjas tampoco recibieron indemnización alguna, por estar ya vendido el Convento, hasta que en 1895 permanecen en la Comunidad de Santiago de la Espada, habiendo recuperado con el paso del tiempo diversos objetos perdidos.

El Convento de la Asunción no volvería a recuperar su antiguo esplendor. Poco después de la "Gloriosa" se convirtió en un club republicano. A principios del siglo XX  la iglesia fue utilizada como almacén de maderas (no hay palabras para ello) y parte de ella fue adquirida por la Iglesia Española Reformada Episcopal, existiendo junto a ella la Iglesia Anglicana de San Jorge. Abajo, el edificio, tal vez de una fotografía tomada a finales de los años 50. Su aspecto exterior junto al de otras construcciones similares conferían a la Plaza del Museo un aspecto rancio, señorial y sosegado que hace muchos años que si no perdió del todo, modificó..

En la siguiente imagen, interior de la iglesia, convertido en un depósito de madera. La imagen habla por sí sóla. El Convento de la Asunción fue un ejemplo más de aquellos crímenes urbanísticos y artísticos que jamás debieron suceder. En su lugar se levantó un bloque de lujosos y amplios pisos, igual pudieron ser nuevos almacenes. Era la "moda" de la época.