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viernes, 13 de octubre de 2017

PUERTA DE LA BARQUETA

En sevilladesaparecida.com iniciamos una nueva singladura temporal. En esta ocasión nos centraremos en las puertas desaparecidas que hasta bien entrado el Siglo XIX cerraban, junto a las murallas, nuestra ciudad. Mucho y bien se ha escrito acerca de aquellas entradas, las cuáles de haberse conservado siquiera la mitad de ellas, se hubiera contribuido a enriquecer y elevar considerablemente nuestro actual patrimonio artístico. Pero, al igual que les fue sucediendo a otros edificios, el afán lucrativo unido a la permisividad de los dirigentes de entonces, se impuso, derribándose magníficas construcciones que hoy en día tendrían un valor incalculable.

En primer lugar nos centraremos, mediante una breve introducción, a enunciar los nombres de las puertas, repasando también un poco de su historia, que no fue otra sino que la que tuvo nuestra Sevilla durante cientos de años. Unas políticas funestas que concluyeron con el derribo definitivo de la mayor parte de las murallas y puertas entre 1857 y 1871.

Hasta mediados del Siglo XIX, la Capital hispalense disfrutaba de 13 puertas (Macarena, Córdoba, Sol, Osario, Carmona, Carne, San Fernando, Jerez, Arenal, Triana, Real, San Juan, Barqueta) y 4 postigos (Alcázar, Carbón, Aceite y de la Basura),  figurando las primeras en su mayoría de herencia musulmana con abundantes reformas, destacando las manieristas en el Siglo XVI. Dichas puertas, unidas a las murallas, formaron parte de la vida cotidiana de la ciudad hasta su derribo, sucedido entre los períodos del reinado de Isabel II y del Sexenio Democrático. Parte de estos espacios comprendieron las fechas que hemos señalado más arriba, es decir, casi tres lustros.

En este apartado nos centraremos en la Puerta de la Barqueta, conocida también como de Vib Arragel o de la Almenilla; no por aparecer como posiblemente la primera en ser derribada, sino porque se ha escrito poco sobre ella, tal vez situada entre las menos populares del resto de entradas a la ciudad. Veamos la Puerta según el dibujo de B. Tovar, del Siglo XIX, lámina importantísima para entender parte de la evolución de la construcción. Al fondo, San Clemente:



La Puerta de la Almenilla se encontraba entre la actual calle Puerta de la Barqueta y Torneo. Una puerta que realmente no tuvo apenas trascendencia comercial o incluso artística para la ciudad, salvo una utilidad consistente en, junto a la muralla de la zona, intentar frenar el habitual desborde de las aguas del río, lugar éste muy habitual en esos menesteres con todo el peligro que llevaba para parte de la urbe.


El estudio etimológico del nombre de la puerta ofrece claramente su procedencia: Bab-al-Rawad (Puerta de Alcalá del Río), aunque tuvo diversas denominaciones: en primer lugar, un dato de 1386 nos informa de que dicha puerta convivió con una torre llamada de la Almenilla: "La obra qye se a de facer en la torre de la almenilla, et despues buelve fata la torre de la puerta debilbarrejel". Por lo tanto, habría que tener en cuenta que nos hallábamos ante, quizás, una torre-puerta, a la que se accedía a través de un recodo, muy bien protegida.


Las numerosas reparaciones a que se sometía frecuentemente la construcción nos deja escasísimas posibilidades de cómo fue realmente la arquitectura de la puerta medieval, (ya renacentista) en que la visión ofrecida por Brambilla en 1585, en un dibujo lejano de toda la ciudad, incluyendo sus puertas, no parece acercarse a colocar detalles.


Entre 1604 y 1628, Juan de Oviedo realizó una ambiciosa remodelación de la puerta, aunque en 1626 una inundación obligó a planificar una nueva fortificación, pues la zona de la Almenilla se hallaba en estado ruinoso: se levantó la puerta  y se protegió con un fuerte torreón. La obra finalizó en 1628.


El plano de Olavide, de 1771 (abajo), nos enseña la extrañísima construcción, producto de innumerables reparaciones. Dentro de la puerta, una extensa plaza, ya conocida como de Vivarragel. Aún permanecía la forma acodada, tal vez idea islámica. Sin embargo (más abajo), el dibujo de Juan de la Viesca, anterior al de Olavide, de 1845, nos ofrece en su ampliación una vista mejor:





La ilustración perteneciente al Duque de Segorbe, fechada en la segunda mitad del XIX, nos muestra el Monasterio de San Clemente, mientras que delante del mismo aparece una construcción en saliente, donde pudiera hallarse la Puerta de la Almenilla o de la Barqueta:



La demolición de la Puerta de la Barqueta pudo situarse entre 1857 y 1858, puesto que en 1860 se inauguró el paso ferroviario. Precisamente, de aquel mismo año data el extracto de plano que vemos a continuación; la puerta se ha derribado, pero sin embargo continúa una entrada a la Plaza de Vib-Arragel:


Esta imagen aérea, de Google Maps nos muestra una localización aproximada de la ubicación de la Puerta de la Barqueta, otra más de las muchas que jamás debieron derribarse, que citamos en Sevilla Perdida:



LA VIRGEN DE LA LUNA, DE AGUSTÍN SÁNCHEZ CID

Agustín Sánchez-Cid , sevillano (1886-1955), fue uno de los escultores e imagineros más importantes del siglo XX. Doctor y poseedor de la Cátedra de Anatomía de Bellas Artes de Sevilla. Llegó a presidir el Excelentísimo Ateneo sevillano, llegando a salir en una ocasión en la Cabalgata de Reyes Magos. También ejerció magisterio en la Escuela Superior de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría. Por sus reconocidos méritos la Real Academia Hispalense de Bellas Artes le otorgó plaza de miembro numerario. 

De la escuela de Joaquín Bilbao, la producción artística de Agustín alcanzó un elevado prestigio: entre sus obras, destacan la estatua de Martínez Montañés (c.1924) colocada en la Plaza del  Salvador, el Santo Crucifijo de San Angustín para la Parroquia de San Roque, en 1938; o Nuestro Padre Jesús Cautivo de la Capilla de San José. También realizó la estatua de Garci Pérez de Vargas (1924) como parte del grupo escultural que forma el pedestal del monumento al Rey San Fernando, en la Plaza Nueva. Como restaurador, en la década de los 40, participó nada menos que en la restauración del Santísimo Cristo de la Fundación (Hermandad de Los Negritos), Santísimo Cristo del Calvario (Hermandad de El Calvario), Nuestro Padre Jesús Nazareno (Hermandad de El Silencio), y Santísimo Cristo de la Expiración (Hermandad de El Cachorro).

Abajo, imagen de un acto del Ateneo en 1951, en el desaparecido Hotel Madrid. Agustín Sánchez-Cid (enmarcado en un círculo azul), se fotografía entre otras personalidades como Juan Belmonte, Joselito el Gallo, Rafael Gómez Ortega, Joaquín Pareja Obregón, etc.



En el número 18 de la calle Escuelas Pías, antigua calle "Luna" o "de la Luna", se hallaba una finca al estilo señorial donde Agustín Sánchez-Cid residió durante muchos años y también estableció su estudio de trabajo. La imagen de abajo, es de la casa tomada en 1978, antes de su derribo algún tiempo después. Como ven, en el segundo cuerpo de la fachada se hallaba albergada en una hornacina la conocida por la "Virgen de la Luna", obra del prestigioso escultor. Bajo el criterio de la conservación de los edificios tradicionales y de los lugares de siempre, mas por su calidad arquitectónica, considero que el caserío no debió derribarse. En 1979, ya se encontraba deshabitada, cosa que aprovecharon unos maleantes para entrar y llevarse una valiosa estatua de bronce. Actualmente y en su lugar, construyeron un mamotreto sin identidad alguna que ni siquiera merece la pena colocarlo en escena.


Y ahora, vemos una imagen más cercana de la Virgen de la Luna en su pedestal, estatua de una magnífica belleza plástica, apreciándose la técnica de paños mojados y un pulido finísimo. La casa, creemos que se tuvo que conservar y no derribar, manteniénose además la imagen de la Virgen en su hornacina:


Hurgando en las hemerotecas, cuando creíamos que no se sabía nada de la imagen mariana, nos pudimos enterar que la estatua fue trasladada a la entonces restaurada casa número 1 de la céntrica calle Mesón del Moro, en 1982. La casa está catalogada como "Arquitectura Civil Sevillana", con dos plantas, fachada avitolada y ático con vanos separados por columnas toscanas. La fábrica fue adquirida por la Asociación de Exportadores de Aceitunas de Mesa (ACEMESA), encargada de su restauración. Dicha casa, perteneció en principio al Cabildo Catedralicio, por lo que en la parte alta de la fachada aparece una Giralda en miniatura, enmarcada. En 1903 pasó a manos de la condesa-duquesa de Benavente. Posteriormente sufrió un perído de dejadez hasta que se aplicó su restauración. Pero lo que nos atañe a nosotros, es que se conserva, al parecer, en el portal de la entrada y en otra hornacina distinta, la Virgen de la Luna; eso nos congratula, aunque también nos hubiera gustado que la escultura hubiera permanecido en la casa de Sánchez-Cid y que ésta no hubiese sido jamás demolida.